“El ecumenismo en una historia común”, conferencia de Mons. Ramón Valdivia
El obispo auxiliar de Sevilla, Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta y presidente de la Subcomisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales y Diálogo Interreligioso en la Conferencia Episcopal Española, ofreció una profunda reflexión sobre la búsqueda de la unidad, distinguiendo entre el fenómeno religioso antropológico y el mandato específicamente cristiano de “ser uno”.
En el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, la Diócesis de San Sebastián acogió la conferencia de Mons. Ramón Valdivia. El acto, presentado por el obispo D. Fernando Prado, contó con la presencia de representantes de otras confesiones, como el padre Mariano Manescu de la comunidad ortodoxa, y la delegada diocesana de ecumenismo, Dña. Amalia Navarro.
Bajo el título «El ecumenismo en una historia común», Mons. Valdivia desgranó los retos y esperanzas del camino hacia la unidad plena, recordándonos que esta tarea no es una opción, sino un imperativo nacido de la propia oración de Cristo: «Que sean uno para que el mundo crea».
De la búsqueda de la “X” al “Yo Soy”
Mons. Valdivia comenzó su intervención con una necesaria distinción teológica y antropológica entre el diálogo interreligioso y el diálogo ecuménico. A través de un recorrido por la historia humana —desde el Homo habilis hasta el Homo sapiens—, el ponente ilustró cómo el ser humano siempre ha mirado al cielo buscando una respuesta a la trascendencia, una incógnita que denominó la “X”.

Las diferentes religiones de la historia son “flechas” o intentos humanos de responder a esa incógnita. Sin embargo, el cristianismo marca un punto de inflexión radical: ya no es el hombre quien busca, sino Dios quien interviene en la historia y se revela. «Jesús de Nazaret dice: ‘Yo soy’. Es la respuesta a lo que vosotros buscáis».
El ecumenismo, explicó el obispo, se da exclusivamente entre aquellos que han acogido esta revelación y han sido incorporados a Cristo por el bautismo. El drama surge cuando esa experiencia original de Jesús se fractura en la historia por motivos teológicos, pero también políticos y humanos.
La unidad como necesidad, no como estrategia
Uno de los momentos más gráficos de la conferencia fue la metáfora de la “silla vacía”. Mons. Valdivia relató una anécdota personal sobre el aniversario de sus abuelos, donde se colocó un plato en la mesa para él aunque estaba ausente. «Nosotros nos debemos mirar así: es como si nos faltase alguien», afirmó.
El ponente subrayó que la Iglesia Católica no puede presentarse con autosuficiencia, reconociendo que «nos hacen falta» los hermanos separados para manifestar la plenitud del cuerpo de Cristo. Recordó el hito del Concilio Vaticano II y el histórico abrazo en Jerusalén entre el Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras, un gesto que rompió siglos de hielo y desconfianza, permitiendo a la Iglesia volver a «respirar con los dos pulmones», Oriente y Occidente.
Ecumenismo de la caridad y la vida cotidiana
Más allá de los grandes diálogos teológicos, Mons. Valdivia animó a vivir un ecumenismo práctico y real. Destacó ejemplos de colaboración actuales, como la cesión de templos católicos a comunidades ortodoxas que carecen de ellos —como sucede en la diócesis de Cádiz con el Patriarcado de Moscú, o aquí, en Gipuzkoa— o la defensa conjunta de la libertad religiosa frente a los delitos de odio.

Mons. Valdivia saludó al párroco de Santiago Apóstol, D.Pablo García Azpillaga, que a sus 99 años sigue en activo
«Tenemos intereses comunes: ¿qué visión del hombre tienen que ofrecernos nuestros hermanos?», se preguntó, invitando a valorar la riqueza litúrgica y espiritual de otras tradiciones. Asimismo, señaló la importancia de la colaboración en la caridad y la acogida a los inmigrantes como un testimonio común potente ante la sociedad.
Un desafío para la Iglesia en Gipuzkoa
El acto concluyó con una invitación a conocer la realidad local de las confesiones cristianas en Gipuzkoa, superando prejuicios y distancias. D. Fernando Prado cerró el encuentro agradeciendo la “ciencia y cercanía” de Mons. Valdivia y recordando, citando a San Juan Pablo II, que la comunión es un «camino espiritual» que se hace al andar.
El obispo de San Sebastián reconoció la fraternidad existente con la comunidad ortodoxa local, personificada en el padre Mariano, y el reto de acercarse más a las comunidades evangélicas, a menudo más dispersas, para mantener viva la llama de la unidad.
La conferencia finalizó con la oración del Abad Paul Couturier, pionero del ecumenismo espiritual, pidiendo al Señor la lealtad para reconocer y valorar lo que nos une, superando la indiferencia y la desconfianza.
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