Peregrinar juntos: caminos de encuentro y esperanza desde la Pastoral Penitenciaria
La Pastoral Penitenciaria diocesana ha acompañado en los últimos meses a varios internos en dos experiencias de peregrinación a Javier y Arantzazu, en colaboración con Loiolaetxea.
Durante los últimos meses, la Pastoral Penitenciaria de nuestra diócesis ha acompañado a varias personas privadas de libertad en dos experiencias de peregrinación que han supuesto una valiosa oportunidad de convivencia, crecimiento personal y encuentro espiritual. Ambas iniciativas se han desarrollado en colaboración con Loiolaetxea, fortaleciendo una red de acompañamiento que busca favorecer procesos de inclusión, reinserción y esperanza.

Los días 8 y 9 de marzo, un grupo de doce personas privadas de libertad participó en la tradicional Javierada. Junto a ellas caminaron Ane, trabajadora social; Aitor, psicólogo; y varias personas voluntarias de la Pastoral Penitenciaria. El grupo recorrió más de veinte kilómetros hasta el santuario de Javier, compartiendo camino con miles de peregrinos procedentes de distintos lugares.
La marcha se desarrolló en un ambiente de alegría, compañerismo y esfuerzo compartido. Además, el buen tiempo permitió realizar todo el recorrido sin lluvia, favoreciendo una experiencia serena y participativa.

Uno de los aspectos más significativos de esta peregrinación fue la participación de personas musulmanas que se encontraban celebrando el Ramadán. Su presencia enriqueció la experiencia y permitió vivir de manera muy concreta la universalidad que encarna san Francisco Javier. En torno a la figura del santo jesuita navarro, personas de distintas culturas, sensibilidades y creencias compartieron camino, descubriendo que la fraternidad puede tender puentes allí donde a menudo existen fronteras.
Más adelante, del 22 al 24 de mayo, once internos participaron en una convivencia en Arantzazu dentro del programa Elkarrekin Bila, impulsado por la comunidad franciscana. El grupo estuvo acompañado por personas voluntarias de la Pastoral Penitenciaria, Melchor, educador, y Mari Luz, funcionaria del centro penitenciario.
Durante el fin de semana, los participantes pudieron disfrutar de un entorno privilegiado de naturaleza, silencio y espiritualidad, entrando en contacto con la riqueza humana y religiosa que ofrece el santuario de Arantzazu.

Tanto en Javier como en Arantzazu, las actividades se desarrollaron con total normalidad y en un clima de respeto, colaboración y buena disposición por parte de todas las personas participantes. Las personas privadas de libertad expresaron reiteradamente su agradecimiento por poder formar parte de estas experiencias, que les permiten salir por unos días de la rutina penitenciaria, encontrarse con otras personas y abrir espacios para la reflexión, la convivencia y la esperanza.

Estas iniciativas recuerdan la importancia de una Pastoral Penitenciaria que no solo acompaña dentro de los centros penitenciarios, sino que también genera oportunidades para que las personas puedan sentirse parte de una comunidad más amplia.
Caminar juntos, compartir la fe, contemplar la naturaleza y descubrir nuevas relaciones son experiencias sencillas, pero profundamente transformadoras, que ayudan a seguir construyendo caminos de reinserción, dignidad y esperanza.
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