Ecuador: volver a los caminos de la misión vasca
La memoria de quienes abrieron los primeros caminos de la misión vasca en Ecuador ha acompañado el viaje de los responsables de Misiones de las diócesis de San Sebastián, Bilbao y Vitoria, encabezada por D. Joseba Segura, obispo de Bilbao y obispo delegado para Misiones Diocesanas Vascas. Nuestra diócesis ha estado representada por Koldo Muro, delegado de misiones.

La visita ha sido también una oportunidad para acercarse de nuevo a comunidades, misioneros y proyectos que mantienen vivo, de distintas maneras, aquel impulso misionero iniciado hace décadas.
El motivo principal del viaje era especialmente significativo: conmemorar los 75 años del fallecimiento del sacerdote Máximo Guisasola, uno de los ocho misioneros que formaron parte de la primera expedición vasca que llegó a Ecuador en 1948. Guisasola desarrolló buena parte de su misión en la zona de Los Ríos y murió en un accidente de tráfico cuando regresaba hacia Vinces. Su figura y su historia han servido como hilo conductor de un recorrido que ha permitido comprobar sobre el terreno cómo aquella primera presencia misionera dejó una huella que continúa dando frutos.

El viaje comenzó en la provincia de Manabí, en la diócesis de Portoviejo. La comitiva pudo conocer la realidad de la parroquia de San Juan Apóstol y encontrarse con el arzobispo de Portoviejo, Eduardo José Castillo. También hubo ocasión para acercarse a la comunidad de Estero Seco y compartir un encuentro con la comunidad cristiana.
El recorrido continuó por San Isidro, donde se visitó el proyecto ‘Raíces y Sueños’, una iniciativa vinculada a la recuperación y valoración de la cultura local montubia. Más adelante, en Cojimíes, el encuentro con el misionero alavés Juantxo Donés permitió conocer de cerca su acompañamiento a las comunidades rurales de la zona.
Desde Manabí, el viaje llevó a la comitiva hasta Los Ríos, un territorio especialmente unido a la historia de las Misiones Diocesanas Vascas. Fue allí donde aquellos primeros misioneros comenzaron su tarea en Ecuador y donde Máximo Guisasola desarrolló una parte fundamental de su labor.

En Babahoyo, la visita permitió acercarse a diferentes iniciativas sociales y educativas. Entre ellas se encuentra FUNES (Fundación Nueva Esperanza); casa-hogar que acoge a niñas y niños en situación de vulnerabilidad que han sufrido violencia. Es una obra vinculada también a la presencia misionera vasca y, de manera especial, a la labor desarrollada por el sacerdote donostiarra Eduardo Aguirre durante su etapa en el Grupo Misionero Vasco en Ecuador.
Junto a FUNES, conocieron la Escuela Nueva Esperanza, un centro destinado a niños y jóvenes con necesidades especiales. En él reciben atención pedagógica y apoyo para su desarrollo psicomotriz. La renovación y adaptación de estas instalaciones contó con el apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa, que destinó 100.000 euros a la reconstrucción del centro.

La realidad de las mujeres víctimas de violencia estuvo también presente en el recorrido a través de SAMUVI, el Servicio de Atención y Apoyo a Mujeres Víctimas de la Violencia, y CIPEM, el Centro Integral de Promoción y Empleo de la Mujer. Ambas iniciativas trabajan de manera complementaria para ofrecer acompañamiento y oportunidades a mujeres en situación de vulnerabilidad; han contado, entre otros, con la colaboración de Misiones Diocesanas, Cáritas Gipuzkoa y Fundación Kutxa.
El camino continuó por Nuevo Amanecer y Pimocha, para seguir conociendo sobre el terreno las distintas realidades vinculadas a la presencia misionera y a los proyectos que se han ido desarrollando en esta zona. Después llegaron Barreiro y Vinces, lugares inseparables de la historia de los primeros misioneros vascos.
Fue precisamente en Vinces donde la visita adquirió un significado especialmente emotivo. Allí Máximo Guisasola fue destinado después de la llegada de la primera expedición y desde allí impulsó la evangelización de la zona y el colegio Santa Teresita del Niño Jesús, que durante décadas desempeñó una importante labor educativa con la infancia más desfavorecida.
La conmemoración de los 75 años de su fallecimiento reunió a representantes de las tres diócesis vascas junto a la Iglesia local. La celebración tuvo como momento central la Eucaristía presidida por el obispo de Babahoyo, Skiper Yánez Calvachi, y el obispo de Bilbao y delegado de Misiones Diocesanas Vascas, Joseba Segura. Tras la celebración se realizó un responso ante la tumba de Guisasola y se descubrió una placa conmemorativa.
Pero el recuerdo del misionero no quedó únicamente en la celebración litúrgica. El recorrido llevó también hasta Petrillo, el lugar donde Máximo Guisasola perdió la vida en un accidente de tráfico. Allí, el recuerdo dejó de ser solamente historia para convertirse en un lugar concreto, un punto del camino que ayuda a comprender mejor el precio y la entrega de aquellos primeros misioneros.
Desde allí, la visita continuó hacia Quevedo y posteriormente Montalvo, completando un recorrido por distintas comunidades y realidades de la diócesis de Babahoyo.

Para la Delegación de Misiones de San Sebastián, este viaje ha supuesto mucho más que participar en una conmemoración. Ha permitido volver a encontrarse con una Iglesia local con la que existe una historia compartida y comprobar la continuidad de una presencia que comenzó con aquellos ocho misioneros en 1948.
Setenta y cinco años después de la muerte de Máximo Guisasola, recorrer los lugares por los que pasó aquella primera generación de misioneros ayuda a mirar la misión no solo como parte de la historia, sino como una realidad que sigue tomando forma en comunidades, escuelas, proyectos sociales y personas concretas.
Desde San Sebastián, este recorrido ha sido también una manera de reconocer y agradecer una historia misionera que forma parte de la propia identidad de Misiones Diocesanas Vascas y que, lejos de quedar atrás, continúa generando vínculos de fraternidad y colaboración entre las Iglesias de Euskadi y Ecuador.
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