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Jornada Mundial de la Persona Enferma

Jornada Mundial de la Persona Enferma

La XXXIV Jornada Mundial del Enfermo se celebra hoy, y el Santo Padre León XIV he querido proponer la imagen del buen samaritano. ¿Por qué? Para redescubrir la belleza de la caridad y la dimensión social de la compasión, para poner la atención en los necesitados y los que sufren. Es decir, las personas enfermas.

En la reflexión de este pasaje bíblico, la compasión y la misericordia hacia el necesitado no se reducen a un mero esfuerzo individual, sino que se realizan en la relación: con el hermano necesitado, con quienes lo cuidan y, fundamentalmente, con Dios que nos da su amor.

El amor no es pasivo, va al encuentro del otro. Ser prójimo no depende de la cercanía física o social, sino de la decisión de amar. Por eso, la persona cristiana se hace prójimo del que sufre, siguiendo el ejemplo de Cristo; el verdadero Samaritano divino que se acercó a la humanidad herida.

No son meros gestos de filantropía. Tener compasión implica una emoción profunda, que mueve a la acción. En la parábola del samaritano, la compasión es el rasgo distintivo del amor activo. El samaritano se acerca, cura, se hace cargo y cuida.

El pasaje nos permite contrastar lo que significa amarse a sí mismo. Supone alejar de nosotros el interés de cimentando nuestra autoestima o el sentido de nuestra propia dignidad en estereotipos de éxito, carrera, posición o linaje y recuperar nuestra propia posición ante Dios y ante el hermano.

«El verdadero remedio para las heridas de la humanidad es un estilo de vida basado en el amor fraterno, que tiene su raíz en el amor de Dios». Encendidos por ese amor divino, podremos realmente entregarnos en favor de todos los que sufren, especialmente por nuestros hermanos enfermos, ancianos y afligidos.

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