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La Diócesis de San Sebastián despide el doble Jubileo y mira a 2026 llena de esperanza

La Diócesis de San Sebastián despide el doble Jubileo y mira a 2026 llena de esperanza

La Diócesis de San Sebastián acaba de cerrar un 2025 muy especial: un año doblemente jubilar, vivido en comunión con el Jubileo de la Iglesia universal —convocado bajo el lema “Peregrinos de Esperanza”— y, a la vez, en acción de gracias por el 75.º aniversario de la creación de nuestra Iglesia diocesana. Exteriormente se han cerrado Puertas Santas; interiormente, como ha insistido el obispo Mons. Fernando Prado Ayuso, lo recibido no se clausura: se “sella en el corazón” para llevarlo a la vida.

Lo acontecido en Gipuzkoa a lo largo de estos doce meses no se trata de una sucesión de actos, sino un camino: oración, reconciliación, peregrinación, comunión e impulso misionero.

Los primeros pasos: preparar el corazón para un tiempo de gracia

Antes de que comenzaran las celebraciones jubilares, la diócesis se puso en marcha con dos metas claras: concienciar y preparar al Pueblo de Dios, trabajando el aspecto oracional y espiritual. La insistencia fue nítida: que este tiempo fuera, ante todo, renovación espiritual. Ese tono quedó marcado desde el inicio por la invitación a beber de fuentes sencillas y hondas: la Bula Spes non confundit (“La esperanza no defrauda”), los recursos de oración disponibles para comunidades, y la certeza de que el Jubileo no se improvisa: se acoge.

También se propuso un lenguaje común para caminar juntos: el himno del Jubileo, la Oración del Jubileo y un calendario de celebraciones que atravesó toda la diócesis, desde la catedral hasta santuarios, parroquias, realidades pastorales y periferias.

Cuatro Puertas Santas, un mismo umbral: Cristo, la Puerta

Epifanía (6 de enero): inicio del Jubileo en el Buen Pastor

El 6 de enero, la catedral del Buen Pastor abrió el Jubileo con una celebración solemne presidida por el Cardenal José Tolentino de Mendonça, enviado especial del Papa, en el marco de la Epifanía del Señor. Fue un comienzo lleno de símbolos: la ciudad bajo la lluvia, el cielo abriéndose y un arcoíris; la catedral llena; el canto del Adeste fideles; y la procesión hacia la Puerta Santa.

Al traspasar el umbral, el Cardenal proclamó: “Salve, Cruz de Cristo, única esperanza”, y la asamblea entonó el himno jubilar alternando estrofas en euskera y castellano. En su homilía, subrayó que la Epifanía es “fiesta de la luz”, peregrinación de buscadores y adoración; y recordó el núcleo de todo Jubileo: atravesar la Puerta expresa una decisión, seguir a Jesús y dejarse guiar por Él, el Buen Pastor.

Arantzazu (19 de enero): bajo la mirada maternal de la Virgen

La segunda Puerta Santa se abrió en el Santuario de Arantzazu, en una jornada luminosa y muy participada. El obispo lo explicó con una imagen que quedó grabada: entrar por la puerta que es Cristo y dejar que, al pasar, Él “pase por nosotros”, renovando nuestra vida. Con el Evangelio de Caná como horizonte, animó a confiar: “Con Jesucristo en nuestras vidas, todo puede ser diferente… No dejes de confiar en la promesa”. Y elevó la voz por quienes se sienten cansados: “Existe un camino. Nada ni nadie está perdido”.

Loyola (26 de enero): misericordia y reconciliación en tierra ignaciana

En el Santuario de Loyola se abrió la tercera Puerta Santa, en el corazón espiritual del patrono de la diócesis. Loyola ofreció a todo el año jubilar una clave propia: discernir, volver al Evangelio, dejarse reconciliar, y aprender a mirar la historia con hondura y confianza.

Martutene (2 de febrero): una Puerta Santa hecha por las personas reclusas

La cuarta Puerta Santa se abrió donde muchos no esperan una puerta: en la prisión de Martutene, con una Puerta elaborada por las propias personas reclusas. Fue uno de los gestos más elocuentes del Jubileo: la Iglesia entrando en el lugar del límite para decir, con hechos, que el Evangelio no excluye a nadie y que la esperanza no es una palabra para quienes “ya están bien”, sino una promesa también para quien se siente herido, culpable o descartado.

Gracias al trabajo de la Pastoral Penitenciaria y la colaboración del centro penitenciario y de diversas instituciones, las personas privadas de libertad pudieron vivir el Jubileo en primera persona: paso por la Puerta, Eucaristía, comunión, cercanía. En Martutene, el Jubileo se volvió especialmente concreto: reconciliación, misericordia, perdón y una oración por el futuro.

Un Jubileo “en salida”: oración, cruz, unidad y peregrinaciones

Si algo ha caracterizado este año, es que la diócesis no lo ha vivido solo “en interior”, sino caminando.

24 horas para el Señor: reconciliación y música que acompaña

La catedral acogió la iniciativa cuaresmal de “24 Horas para el Señor”, un día completo de oración y reconciliación. En torno a la Eucaristía, la vigilia vocacional con jóvenes y la posibilidad de confesión, se recordó que la esperanza cristiana no es optimismo: nace del perdón recibido y de la vida nueva.

Retiro multitudinario en Loiola: “En Él ponemos nuestra esperanza”

Más de 450 personas se reunieron en el Santuario de Loiola en un retiro cuaresmal impulsado por la Pastoral de Personas Migrantes. El dato importa, pero más importa el espíritu: comunidades diversas, diálogo, fraternidad y oración. La diócesis se vio a sí misma como Pueblo de Dios que se sostiene juntos, no cada cual por su cuenta.

Vía Crucis a Arantzazu: llevar las cruces a la Cruz

El 12 de abril, la diócesis peregrinó a Arantzazu en un Vía Crucis multitudinario, con participación de fieles de toda Gipuzkoa. Fue una catequesis viva: acompañar a Cristo en su entrega y presentar, al mismo tiempo, las cruces cotidianas —personales, familiares, eclesiales, del mundo— para que no sean peso estéril, sino camino de Pascua. El obispo lo dijo con claridad: no estamos llamados al desaliento, porque “la esperanza no defrauda”.

Pascua y Nicea: un gesto ecuménico de unión y fraternidad

En un año en que se conmemoraron 1700 años del Concilio de Nicea, la diócesis celebró la Pascua con un fuerte acento de unidad, con presencia y palabras compartidas también con la Iglesia Ortodoxa rumana. La fe de Nicea —patrimonio común— se convirtió en llamada actual: fraternidad, paz, testimonio común.

Confirmaciones en la catedral

A lo largo del año, cientos de personas (jóvenes y adultas) se han confirmado en la Diócesis de San Sebastián, en unas celebraciones conjuntas que, de forma extraordinaria a la razón del año jubilar, se han celebrado en la catedral del Buen Pastor. Más allá de los números, somos testigos de que la población de Gipuzkoa sigue buscando la unión con el Señor.

Lourdes: miles de “peregrinos de esperanza”

La peregrinación a Lourdes fue uno de los grandes hitos comunitarios del Jubileo: más de 2.000 personas reunidas en la Eucaristía en la gruta, y al día siguiente la llegada de más grupos, incluidos autobuses organizados por la Pastoral de Personas Migradas. La experiencia junto a los enfermos, voluntarios y generaciones distintas recordó algo esencial: la esperanza se aprende tocando la fragilidad y dejándose evangelizar por ella.

Adiós emocionado al Santo Padre Francisco

El fallecimiento del Papa Francisco reunió a cientos de fieles guipuzcoanos, que se acercaron el Lunes de Pascua a la catedral del Buen Pastor en Donostia para despedirse y rendirle homenaje al pontífice argentino, donde un gran retrato recordaba su legado.

Estibaliz acogió la celebración por los 75 años de las 3 diócesis vascas

Cientos de personas tomaron parte en una histórica celebración que tuvo lugar el 25 de octubre en el Santuario de Estíbaliz (Álava) y en la que participaron representantes de las diócesis de Bilbao, San Sebastián y Vitoria para celebrar los actos conmemorativos por los 75 años de la reestructuración de la Iglesia en el País Vasco.

75.º Aniversario del Monumento al Sagrado Corazón de Urgull

En la solemnidad de Cristo Rey, la Diócesis de San Sebastián celebró al mediodía una emotiva Eucaristía en la capilla del monte Urgull, presidida por el obispo, Mons. Fernando Prado Ayuso, con motivo del 75.º aniversario del Monumento al Sagrado Corazón de Jesús. En el transcurso de la celebración se renovaron, además, la consagración de Gipuzkoa al Sagrado Corazón, realizada por primera vez en 1950 durante la inauguración del monumento.

Marcha por las Iglesias Jubilares: cuatro etapas, una sola diócesis

Del 19 al 22 de junio, la Marcha por las Iglesias Jubilares recorrió Arantzazu, Zumarraga, Loyola, Zarautz y culminó en el Buen Pastor. Camino, convivencia, paisaje, oración, Eucaristías, entrada por las Puertas: una imagen real de Iglesia. Y, al final, una certeza compartida: el Jubileo fortalece la comunión y renueva el compromiso cristiano.

Renovar nuestras comunidades cristianas: un proceso en marcha para una Iglesia más misionera y fraterna

Paralelamente a las celebraciones jubilares, la diócesis ha seguido avanzando en un proceso decisivo: la Renovación Pastoral y Misionera, entendida como un camino de discernimiento para responder con realismo y fe a los desafíos actuales, y para cuidar la vitalidad evangelizadora de nuestras comunidades.

En 2025, el proceso se sostuvo también con encuentros y trabajo compartido. El 1 de marzo, por ejemplo, el colegio Aldapeta María acogió el II Encuentro diocesano “Renovar nuestras comunidades cristianas”, con más de 240 participantes —equipos iniciales, unidades pastorales y consejos pastorales—, como un paso más en este camino común. En ese encuentro, el obispo puso palabras al momento eclesial sin dramatismos, pero sin maquillaje: recordó que todo cambio trae resistencias y que la crisis puede vivirse como un “cribado” que purifica; y a la vez dejó una llamada esperanzada a no instalarse en la queja, porque “algo nuevo está brotando” y el futuro se afronta mejor juntos.

Un punto especialmente importante del proceso es su carácter participativo y corresponsable. En el 2026, tras un discernimiento serio y fecundo, la diócesis entra en una fase crucial donde será necesaria una participación amplia de las comunidades para tomar decisiones y presentar una propuesta final de futuro. Según la propia comunicación diocesana, esa propuesta buscará orientar la misión en Gipuzkoa “para los próximos años”, con atención a la reorganización pastoral y a la vitalidad evangelizadora de las comunidades.

Luminiscence: la catedral “llena de luz” y un viaje espiritual para miles de personas

En el corazón del Jubileo, la catedral del Buen Pastor se convirtió también en un lugar de encuentro a través de la belleza. Con la llegada de LUMINISCENCE, por primera vez en España, la diócesis apostó por una experiencia cultural y espiritual que uniera videomapping, historia y música para invitar a redescubrir el templo desde una mirada contemporánea. La propuesta se presentaba como una vivencia sensorial que, a través de los sentidos, conduce a muchos a asomarse al misterio: sin imponer, sin “dar lecciones”, pero abriendo una puerta interior.

El formato cuidó también los detalles: una duración aproximada de 50 minutos, accesibilidad, y dos modalidades musicales —una con coro en vivo y otra con música digital—, pensadas para públicos distintos y para facilitar la participación.

Llamó la atención, además, la amplia presencia de familias y jóvenes: el 61% del público tenía menos de 45 años y el 38% era menor de 35, junto a visitantes llegados de 56 países.

Luminiscence recogió tres frutos: el impacto social y la repercusión en la ciudad, el refuerzo del papel de la catedral como “Iglesia Madre” de Gipuzkoa, y el hecho de situar a la diócesis como un actor relevante en el encuentro entre fe, cultura y turismo.

En un año jubilar, esto no fue un “paréntesis cultural”, sino un recordatorio de que la belleza puede ser también camino: una luz que atrae, un silencio que dispone, una emoción que reabre preguntas, una puerta que vuelve a invitar a entrar… y, después, a salir a vivir de otra manera.

Roma: la diócesis en el corazón de la Iglesia universal

El Jubileo no se quedó en Gipuzkoa. Durante 2025, la diócesis se hizo presente también en Roma en distintos momentos.

Juventud: 200 jóvenes donostiarras en el Jubileo de los Jóvenes

Un grupo de jóvenes participó en el Jubileo de la Juventud, con peregrinaciones, celebraciones, confesiones y encuentros. Allí resonó una llamada que atraviesa generaciones: no conformarse con lo mínimo, rechazar el consumismo y buscar la santidad en lo cotidiano. A su regreso, quedó subrayado un fruto precioso: renovación del compromiso con la fe, la comunión y el servicio.

Catequistas: gratitud, misión y un encuentro inolvidable

Dieciséis catequistas vivieron el Jubileo de Catequistas con una intensidad especial: procesión hacia San Pedro, paso por la Puerta Santa, testimonios internacionales, oración compartida. Y, como regalo inesperado, algunas personas pudieron saludar personalmente al Papa en audiencia. El relato de aquellos días lo deja claro: el Jubileo alimenta la alegría de servir y confirma que la catequesis no es una tarea secundaria, sino corazón de la transmisión de la fe.

Peregrinación diocesana a Roma: identidad, fe y comunión

La peregrinación diocesana —con más de un centenar de participantes— se vivió como una experiencia de pertenencia: no solo “visitar lugares”, sino caminar con otros creyentes de la propia tierra. Hubo momentos de emoción, como la celebración en lugares vinculados a San Ignacio o el canto compartido en basílicas. Pero el fruto principal fue interior: “he vuelto de Roma mucho más creyente”, decía uno de los testimonios. Y añadía una invitación sencilla: no avergonzarse de la fe y aprovechar, si llega la oportunidad, la gracia de peregrinar.

Migrantes: “testigos privilegiados de esperanza”

En el Jubileo de las Personas Migrantes, la diócesis estuvo representada por varias personas que participaron en la audiencia y la misa, junto a miles de peregrinos de decenas de naciones. El mensaje fue directo: acoger, promover políticas de reconciliación y rechazar la resignación de pensar que “no se puede hacer nada”. La Iglesia recordó que la misión no es solo salir, sino también recibir a quienes llegan, y que en la comunidad cristiana nadie es extranjero.

La caridad como fruto: la esperanza se hace casa

Un Jubileo auténtico no termina en un recuerdo. Se verifica en la vida concreta. Por eso, uno de los signos más elocuentes del año fue el Gesto Diocesano Solidario, con mirada misionera y compromiso real con personas vulnerables.

El gesto misionero solidario: Ruanda y Ecuador, dos “puertas” abiertas a la fraternidad

A través de la Delegación de Misiones, se impulsó el Gesto Diocesano Solidario con los Pueblos (Jubileo 2025), vinculado expresamente al doble Jubileo (el universal y el 75.º aniversario diocesano) y orientado a dos realidades necesitadas: Ruanda y Ecuador.

En Ecuador, el gesto se concretó en el apoyo a un Centro de Acogida para mujeres víctimas de violencia en la diócesis de Babahoyo, en la provincia de Los Ríos, con el objetivo de fortalecer la atención y el acompañamiento a mujeres y a sus hijas e hijos.

En Ruanda, el gesto apuntó a algo tan esencial como digno: construir iglesias parroquiales en Kabugondo y Nyabinyenga, en la diócesis de Kabgayi.

Miriam Etxea: “un hogar de esperanza”

El 9 de diciembre, Caritas Gipuzkoa inauguró Miriam Etxea en Errenteria: un hogar para acompañar a mujeres adultas en situaciones de desprotección y exclusión social, muchas de ellas migrantes. No se trató solo de abrir un recurso: se abrió una puerta para empezar de nuevo, con dignidad, acompañamiento y comunidad. Un Jubileo que atraviesa Puertas Santas y, al mismo tiempo, abre puertas en la vida real.

Miriam Etxea nace como una casa con vocación comunitaria, abierta al barrio, capaz de tejer vínculos y cuidados. Si el lema fue “Peregrinos de la Esperanza”, aquí se vio con claridad que la esperanza cristiana no es abstracta: tiene dirección y tiene rostro.

Clausura (28 de diciembre): cerrar Puertas, abrir caminos

El 28 de diciembre de 2025, la diócesis clausuró solemnemente el año doblemente jubilar: por la mañana, cierre de la Puerta Santa en Loyola; por la tarde, en el Buen Pastor, clausura final. En plena Navidad, bajo la solemnidad de la Sagrada Familia, la diócesis se reunió para dar gracias y recibir un envío.

El obispo resumió el sentido con una frase que puede acompañar todo 2026: “Al cerrar hoy la Puerta Santa jubilar no cerramos un tiempo de gracia. Más bien lo que hacemos es ‘sellarlo en el corazón’ para llevarlo a la vida”. Y añadió la certeza que sostiene la esperanza cuando el mundo se vuelve oscuro: Cristo, Emmanuel, Dios con nosotros. Ni guerras, ni conflictos, ni rupturas de convivencia son más fuertes que los signos del amor de Dios cuando el corazón se deja encender por esa promesa.

En uno de los pasajes más directos, la clausura unió Jubileo y misión: pasamos por la Puerta para salir, para ir al encuentro de quienes esperan una palabra de sentido, de quienes se sienten lejos, cansados o heridos. “Nuestro Jubileo es, por tanto, profundamente misionero”.

Escucha aquí un resumen radiofónico del doble jubileo

2026: que el Jubileo continúe en nuestras manos

En el 2025 la diócesis ha buscado ser Iglesia: caminar, reconciliar, orar, peregrinar, acoger, servir.

Por eso, al comenzar 2026, el mejor modo de honrar el Jubileo recién vivido es vivirlo hacia adelante:

  • Fe, para mirar la vida con los ojos del Evangelio, sin dejarnos atrapar por el cansancio o la frialdad del entorno.
  • Esperanza, para no rendirnos ante las cruces del camino, para sostener a quienes ya no esperan nada y para darnos la energía y buen ánimo necesario para continuar adelante con el proceso de renovación de nuestras comunidades cristianas.
  • Caridad, para convertir la gracia recibida en gestos concretos: una casa abierta, una mano tendida, una comunidad que acompaña.

El Jubileo nos ha entrenado en lo esencial: atravesar a Cristo como Puerta y dejar que Él atraviese nuestra historia. Ahora toca lo más hermoso y difícil: hacer del día a día un lugar jubilar, donde se note que la esperanza cristiana no es un discurso, sino una vida.

Que este 2026 nos encuentre así: más firmes en la fe, más alegres en la esperanza y más disponibles para la misión.

¡Sigamos adelante! ¡Jarrai dezagun aurrera!