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Misa Crismal

Misa Crismal

Hoy, Miércoles Santo, a las 11 de la mañana, la Diócesis de San Sebastián ha celebrado la Misa Crismal, presidida por el obispo D. Fernando en la catedral del Buen Pastor. El crisma es la mezcla de aceite y bálsamo que se utiliza en la unción en algunos sacramentos. Durante la celebración, unos laicos han transportado al altar las ánforas para mostrárselas al Obispo. D. Fernando ha bendecido las ánforas que contenían los Santos Oleos y ha consagrado el Santo Crisma.

En la Misa Crismal se han expuesto diversos óleos. El óleo de las personas enfermas, el cual dará alivio y consuelo a las que sufren enfermedad; el óleo de los catecúmenos, que lo recibirán quienes vayan a recibir el sacramento del Bautismo como signo de protección; y el óleo para el Santo Crisma, que se utilizará para la Confirmación, la Ordenación Sacerdotal y en la consagración de Iglesias y Altares.

Se han presentado también los perfumes que serán agregados al Santo Crisma y que tienen la Misión de mostrar el Dulce Aroma en los hermanos y de los templos que serán consagrados por la Unción del Sagrado Crisma. Los presbíteros de nuestra Diócesis, por su parte, han renovado las promesas que hicieron en el día de su ordenación como signo de fidelidad a Cristosacerdoteprofeta y Buen Pastor.

MISA CRISMAL. Homilía.

Catedral del Buen Pastor (San Sebastián).

Miércoles 1 de abril de 2026.

Apaiz maiteok. Hemen zaudeten Anai-arreba maiteok:

Gaurko elizkizun hau oso esanguratsua da. Celebramos hoy esta Eucaristía especial en el pórtico del triduo pascual. En ella se expresa de forma singular la unión del presbiterio con su obispo y la unión del obispo con su presbiterio. Es una fiesta en la que celebramos los vínculos sacramentales que nos unen y, a la vez, es un momento en que se expresa y se hace visible la unidad de la diócesis, en la Catedral, junto al Obispo que preside la comunidad diocesana. Gaurko elizkizun honetan, olioak bedeinkatuko ditugu eta Crisma Konsagratuko dugu. Con estos elementos celebraremos los sacramentos y ungiremos al pueblo santo de Dios. Con este óleo ungiremos también, al menos, a un nuevo presbítero de nuestra diócesis, si Dios quiere, en el mes de septiembre. En esta celebración, los sacerdotes renovaremos hoy también nuestras promesas de fidelidad a los compromisos de amor, fidelidad y obediencia contraídos en la ordenación que un día recibimos. Krisma Meza honetan alde ezberdinak dira. Alde desberdinak aberasten dute gure ospakizun kuttun hau. Gogora ekartzen ditugu ere azken urte honetan gure hildako apaiz anai maiteak. Aldarera ekartzen ditugu ere gure anai apaiz zaharrago edota gaixorik daudenak. Gogoratzen ditugu ere, etorri ezin direnak. Algunos de nuestros hermanos y hermanas seglares y algunas personas consagradas nos acompañan en esta celebración y se gozan de vernos hoy aquí, juntos, en el altar. Con todos hacemos camino y con ellos estamos comprometidos.

Un año más no puedo sino agradecer a Dios el regalo que me ha dado al darme a cada uno de vosotros como colaboradores más estrechos en este ministerio que a todos nos sobrepasa en su complejidad, sobre todo cuando nos comparamos con Aquel a quien queremos imitar y a quien representamos ante los demás. Un ministerio que es, sin duda, un tesoro que llevamos en nuestras pobres vasijas de barro. Vuestro obispo, sin duda, es el primero en reconocer en sí mismo estos límites. Se va consolidando en mí, por otro lado, la convicción de que he de abrazar los desafíos diocesanos con una gran confianza y mis límites con una mirada evangélica serena. Siento vivamente que el Señor me acompaña en la tarea, también a través de vuestra cercanía y colaboración comprometida.

La primera lectura de Isaías y el Evangelio nos presentan la misión de Jesús: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido» (Lc 4, 18). Apaiz anai maiteok. Zenbat aldiz entzun ditugun irakurgai hauek! Agian, gure apaizkuntzaren egunean entzun ziren. Todos hemos recibido un Espíritu, todos hemos sido «ungidos». Hemos sido «elegidos». Así hemos escuchado: «Vosotros os llamaréis sacerdotes de nuestro Dios». También hemos escuchado: «Dirán de vosotros: ‘Ministros de nuestro Dios’», porque todos hemos recibido un Espíritu y una misión que no es «para nosotros». Hay que recordar que la unción no es un premio, ni una condecoración. La unción es una misión para los demás. La unción recibida no es para perfumarse uno mismo, sino para derramarla sobre el pueblo, especialmente sobre los que más sufren. Es un derecho de ellos. Es un derecho del Pueblo de Dios que vivamos a él entregados.  «Dirán de vosotros: Ministros de nuestro Dios». Porque es «su» Dios, no el nuestro. Lo que se pide de nosotros es, como dice la lectura, que «los que los vean, reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor». Una «estirpe especial», una vocación singular en el corazón de la Iglesia, llamada a hacer visible, en medio del Pueblo de Dios, el rostro de Cristo Siervo y Pastor, al servicio de todos. Con una identidad propia, distinta pero en ningún caso distante, que no aparta, sino que configura de un modo particular con Cristo, el Siervo. Sin clericalismos, pero también sin complejos, viviendo con verdad y humildad lo que somos: servidores de la Iglesia y de los hermanos, desde una entrega célibe que, en medio de la comunidad, quiere ser signo transparente y radical de un amor ofrecido por entero a Dios y de una disponibilidad plena para su Iglesia.

Quiero mostraros una vez más mi agradecimiento. Donostiako gotzaina harro sentitzen da bere apaizengatik. Siento agradecimiento por el cariño sincero que me mostráis tantas veces, (hace poco lo he sentido muy vivo y muy reconfortante ante el fallecimiento de mi madre). Gertutasun honetan aurkitzen dut nire poz andiena gotzai bezala. Pero, sobre todo, me enorgullece vuestro testimonio de servicio y de amor a nuestras gentes de Gipuzkoa. Soy testigo de este testimonio en los más jóvenes y en los más mayores. Nuestras comunidades así me lo hacen ver tantas veces. Mila esker, benetan, zuen leialtasuna eta guztienganako zuen neurrigabeko eskuzabaltasuna. Mila esker bene-benetan zuen laguntzagatik.

Gracias por los desvelos que os trae tantas veces el querer ser presencia sanadora en medio de la gente, por querer vivir este ministerio que prolonga las manos de Jesús. Somos muy conscientes de que no son tiempos fáciles para ser curas. Os lo he dicho alguna otra vez: la Iglesia no necesita sacerdotes perfectos, sino generosos y entregados. No espera de nosotros grandes discursos, sino presencias que sanan, manos que bendicen y corazones que perdonan. Ez da erraza, ez. Baina, halaere, hor zaudete, zuen hoberena ematen.

Por eso precisamente, porque estos tiempos no son fáciles, y porque este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, la Iglesia nos pide que nos cuidemos, que nos cultivemos, que no andemos solos, que nos dejemos acompañar por los demás, humanamente, espiritualmente. La gente nos necesita como lo que somos y como lo que representamos ante ellos: «Ungidos», «ministros de su Dios», que, por su puesto es el nuestro. A la Iglesia le preocupa la salud integral de sus sacerdotes. Por ello, el Papa León nos acaba de proponer orar durante este mes de abril por todos los sacerdotes, «especialmente por los que están en crisis». Os invito a unirnos a esta bella oración que él nos propone.

Horrela dio otoitzak:

Señor Jesús,
Buen Pastor y compañero de camino,
hoy ponemos en tus manos a todos los sacerdotes,
especialmente a quienes atraviesan momentos de crisis,
cuando la soledad pesa, las dudas oscurecen el corazón
y el cansancio parece más fuerte que la esperanza.

Tú que conoces sus luchas y heridas,
renueva en ellos la certeza de tu amor incondicional.
Hazles sentir que no son funcionarios ni héroes solitarios,
sino hijos amados, discípulos humildes y queridos,
y pastores sostenidos por la oración de su pueblo.

Padre bueno,
enséñanos como comunidad a cuidar de nuestros presbíteros:
a escucharlos sin juzgar,
a agradecer sin exigir perfección,
a compartir con ellos la misión bautismal
de anunciar el Reino con gestos y palabras,
y a acompañarlos con cercanía y oración sincera.
Que sepamos sostener a quienes tantas veces nos sostienen.

Espíritu Santo,
aviva en nuestros sacerdotes la alegría del Evangelio.
Concédeles amistades sanas, redes de apoyo fraterno,
sentido del humor cuando las cosas no salen como esperaban,
y la gracia de redescubrir siempre la belleza de su vocación.

Que nunca pierdan la confianza en Ti,
ni el gozo de servir a tu Iglesia con un corazón humilde y generoso.

Apaiz anai maiteok: jarraian, gure eliztar anai-arreba batzuen aurrean berriztatuko duzue apaiz konpromezuak. Maitasunez eta batez ere esker onez entzungo dugu berriz zuen desio hoberenak. Al renovar nuestras promesas sacerdotales, no vivamos el momento como un simple rito, ni como un formalismo. Os invito a recordar vuestra ordenación sacerdotal. Renovar las promesas sacerdotales no es repetir fórmulas. Es una ocasión para volver al primer amor, volver al momento en que llenos de gozo y alegría dijimos sí a Cristo y a su Iglesia. Es una ocasión para volver a mirar a Jesús a los ojos, como Pedro a orillas del lago, y decirle de nuevo: «Señor, tú sabes que te quiero» (Jn 21, 17) y volver a renovar nuestras promesas y nuestra disponibilidad. Renovar, aunque a veces hayamos caído, o quizás nos sintamos cansados. Renovar las promesas sacerdotales esta mañana es volver a decir sí, y repetir interiormente, «una y mil veces diría que sí». Os invito a hacer de este un momento existencial importante y consciente.

Bien sabemos de la desproporción entre la inmensa llamada y bendición recibida y nuestra humilde y pobre vivencia. Baina hemen gaude. Jaunari eskatu nahi diogu bere grazia gure ministeritzan leialtasunean irauteko. Bera da leiala dena. Él es el que es fiel. El que nos llamó y sigue contando con nosotros.

Me gustaría terminar esta reflexión de la misma forma que lo hizo Jesús en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Significaría que mis palabras os han sido útiles, que hemos renovado existencialmente nuestros compromisos y que hemos vuelto «al amor primero». Significaría que hemos vuelto a sentirnos ungidos para la misión, reforzados en nuestra identidad sacerdotal. Significaría que nos sentimos con los demás bautizados Iglesia diocesana de San Sebastián. Significaría que yo también renuevo mi servicio y que me vuelvo a poner a vuestra entera y total disposición. Mila esker, bihotzez, zaretena izateagatik. Eskerrik asko!

  • Fotos: próximamente en Flickr.
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