Campo de trabajo: encuentro y reconciliación
Un año más, la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de San Sebastián, en colaboración con la Pastoral Magis de los jesuitas y Loiolaetxea, ha organizado durante el verano el Campo de Trabajo «Encuentro y Reconciliación», en el que han participado siete jóvenes procedentes de distintos puntos de la Península.
Este año, la experiencia afrontaba un reto especial: después de haberse celebrado durante varias ediciones en la prisión de Martutene, era la primera vez que el Campo de Trabajo tenía lugar en el nuevo centro penitenciario de Zubieta.
El estreno ha sido muy positivo. Las personas participantes fueron de las primeras en utilizar el nuevo edificio sociocultural como espacio de encuentro con las personas privadas de libertad. En el centro penitenciario compartieron juegos, talleres y actividades deportivas, como fútbol y frontón. Pero, más allá de las propuestas concretas, lo verdaderamente importante fue generar espacios para conocerse, conversar y descubrir a la persona que hay detrás de cada historia.
Las tardes estuvieron marcadas por distintas actividades compartidas con las personas de Loiolaetxea, una entidad social vinculada a la comunidad de los jesuitas que ofrece un espacio alternativo de acompañamiento e intervención en los procesos de reinserción social, especialmente de personas que han pasado por prisión.
Cada jornada concluía con momentos de oración, la celebración de la Eucaristía y el examen ignaciano, que ayudaban a releer lo vivido y a descubrir la presencia de Dios en las experiencias y encuentros del día.
Para Amparo Aguilar Prima, una de las voluntarias, una de las mayores sorpresas estuvo precisamente en Loiolaetxea. Llegó pensando que iba a «servir, escuchar y aprender», pero descubrió que ella también necesitaba ser escuchada, acogida y servida. La experiencia en la casa le enseñó a dejar atrás prejuicios y a comprender que todas las personas necesitamos aprender a amar y, también, dejarnos amar.
Desde Zubieta llegó asimismo un regalo inesperado. Una de las personas internas quiso agradecer por escrito la presencia de los jóvenes. En su carta recuerda que Dios está «en la cárcel y en las calles» y expresa su gratitud porque cada actividad les ayudó a olvidar, aunque solo fuera por un momento, que se encontraban en un entorno de hostilidad. El escrito concluye reconociendo que simplemente escuchar «es una manera bonita de acompañar» y agradeciendo la oportunidad de haber compartido caminos y mesa.
Una vez más, el Campo de Trabajo «Encuentro y Reconciliación» recuerda que el encuentro derriba prejuicios, genera vínculos y abre caminos de reconciliación, reinserción y esperanza.
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