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Jóvenes de la Diócesis peregrinan tras las huellas de san Francisco y santa Clara

Jóvenes de la Diócesis peregrinan tras las huellas de san Francisco y santa Clara

Sesenta jóvenes participaron, del 30 de julio al 8 de agosto, en una experiencia de peregrinación, fraternidad y encuentro con el Señor en Asís, Loreto y La Verna.

Del 30 de julio al 8 de agosto, un grupo de 60 jóvenes de entre 16 y 30 años, procedentes de San Sebastián, Irun, Ordizia, Tolosa, Beasain y otras realidades, participó en la actividad de verano organizada por la Pastoral Juvenil-Vocacional de la Diócesis de San Sebastián. Entre los participantes se encontraban también jóvenes inmigrantes, reflejo de la diversidad y riqueza de las comunidades juveniles de nuestra Iglesia diocesana.

El grupo estuvo acompañado por 4 sacerdotes, 2 diáconos, una virgen consagrada, una religiosa y un matrimonio, que hicieron posible una experiencia compartida de convivencia, oración, formación, celebración y descubrimiento de la vocación cristiana.

La peregrinación tuvo como principales destinos Asís, Greccio, Fonte Colombo, Loreto y La Verna, lugares profundamente vinculados a la vida de san Francisco de Asís, santa Clara y la espiritualidad franciscana. El viaje fue mucho más que un recorrido cultural o turístico: se planteó como un verdadero camino espiritual, en el que cada etapa invitaba a los jóvenes a encontrarse con Jesucristo, con la propia interioridad y con los demás.

Un camino que comenzó con el envío

La experiencia comenzó el 30 de julio, con una Eucaristía de envío en el Seminario de San Sebastián. Después de la salida en autobús, el grupo llegó por la tarde a la Fondation La Castille, en La Crau, donde tuvo lugar la primera convivencia y una velada de juegos que permitió comenzar a crear ambiente de fraternidad.

Al día siguiente, tras la celebración de la Eucaristía en la parroquia de La Crau, el grupo emprendió el largo viaje hacia Italia. La llegada a Asís, ya por la tarde, supuso el inicio de una semana marcada por la oración, la escucha de la Palabra y el contacto directo con algunos de los lugares más significativos de la tradición cristiana europea.

Greccio y Fonte Colombo: la sencillez del Evangelio

El 1 de agosto, la peregrinación llevó a los jóvenes hasta Greccio, lugar especialmente relacionado con san Francisco y la representación del nacimiento de Jesús. Allí visitaron el santuario y celebraron la Eucaristía. Posteriormente se trasladaron a Fonte Colombo, donde participaron en una catequesis y en grupos de reflexión.

La jornada concluyó con la participación en la procesión de las antorchas en Santa María de los Ángeles. La luz, la oración y el silencio ayudaron a los peregrinos a descubrir que la fe se alimenta también de signos sencillos, de la belleza y de la experiencia comunitaria.

La Fiesta del Perdón: reconciliación y renovación interior

Uno de los momentos centrales de la peregrinación fue el 2 de agosto, coincidiendo con la celebración de la Fiesta del Perdón de Asís.

La jornada comenzó con la subida al Eremo delle Carceri, en un ambiente penitencial y de preparación espiritual. Allí los jóvenes participaron en una catequesis sobre el sacramento de la Reconciliación y dispusieron de un tiempo de preparación personal.

Por la tarde, en Santa María de los Ángeles, pudieron acercarse al sacramento del Perdón y participar en la Eucaristía. La jornada concluyó con el rezo del Rosario. Fue un día especialmente significativo para experimentar que la peregrinación cristiana no consiste únicamente en desplazarse de un lugar a otro, sino también en dejarse transformar interiormente por la misericordia de Dios.

Asís: caminar tras las huellas de Francisco y Clara

El 3 de agosto estuvo dedicado a conocer más profundamente la ciudad de Asís y la vida de sus grandes testigos de fe. El grupo celebró la Eucaristía en la iglesia de la Spogliazione, visitó Santa Clara y se acercó a San Damián, donde pudo escuchar el testimonio de un franciscano, Fratel Kevin.

La visita a estos lugares permitió acercarse a la radicalidad evangélica de san Francisco y santa Clara: una vida centrada en Cristo, marcada por la pobreza, la fraternidad, la alegría y la confianza en Dios.

La jornada incluyó también una catequesis y trabajo en grupos, así como la visita a las basílicas inferior y superior de San Francisco. Por la noche, los jóvenes participaron en una hora santa, espacio de adoración y silencio ante el Señor.

Loreto: María, acogida y disponibilidad

El 4 de agosto, la peregrinación continuó hacia Loreto, donde los jóvenes visitaron la Basílica y la Santa Casa. Allí rezaron el Rosario, recibieron la bendición en la plaza y celebraron la Eucaristía en la cripta de la Basílica.

La presencia de María permitió profundizar en la dimensión vocacional del camino: la escucha, la disponibilidad, la confianza y la capacidad de responder a Dios con generosidad. La jornada se completó con una catequesis, grupos de reflexión y un tiempo de convivencia en la playa de Porto Recanati.

La Verna: silencio, contemplación y entrega

Otro de los momentos más intensos fue la visita, el 5 de agosto, al santuario de La Verna, lugar vinculado a la experiencia espiritual de san Francisco y a los estigmas.

En medio del bosque, los jóvenes participaron en una catequesis, tuvieron un tiempo de desierto personal y compartieron posteriormente sus reflexiones en grupos. La jornada invitó especialmente al silencio, a la contemplación y a preguntarse por la propia vida ante Dios.

Por la tarde participaron en la Hora Nona, con procesión hasta la capilla de los estigmas, y escucharon el testimonio de sor Soledad. La celebración de la Eucaristía en la capilla de San Lorenzo puso el broche a un día centrado en la entrega, el sufrimiento redentor y el seguimiento de Cristo.

El encuentro con el Papa León XIV

El 6 de agosto fue, sin duda, uno de los momentos más esperados de la peregrinación. El grupo se desplazó a Santa María de los Ángeles para participar en el diálogo del Santo Padre León XIV con los jóvenes y en la celebración de la Eucaristía con él.

Este encuentro permitió a los peregrinos experimentar la universalidad de la Iglesia y la comunión con jóvenes procedentes de diferentes lugares. Escuchar al Papa y celebrar juntos la fe constituyó una experiencia especialmente significativa para quienes viven su camino cristiano en una sociedad plural y secularizada.

Tras el encuentro, el grupo regresó a Asís, donde tuvo tiempo para la convivencia y, por la noche, participó en una puesta en común a partir de la expresión franciscana: «El Señor me dio hermanos». Esta frase sirvió para reconocer que la fraternidad no es un elemento secundario de la vida cristiana, sino uno de los grandes dones recibidos durante la peregrinación.

Una experiencia de fraternidad y vocación

A lo largo de los días, la convivencia fue adquiriendo un protagonismo especial. Los largos desplazamientos en autobús, las comidas compartidas, las oraciones de la mañana y de la noche, las catequesis, los grupos, los juegos y los momentos informales permitieron que jóvenes de procedencias y realidades diversas se conocieran mejor.

La presencia de jóvenes inmigrantes enriqueció particularmente la experiencia, mostrando que la pastoral juvenil está llamada a ser un espacio de acogida, integración y comunión, donde cada persona pueda sentirse parte de una misma familia eclesial.

La participación de sacerdotes, diáconos, una virgen consagrada, una religiosa y un matrimonio permitió, además, ofrecer a los jóvenes un testimonio plural de las distintas vocaciones cristianas. La peregrinación se convirtió así en una oportunidad para descubrir que Dios llama de formas diversas y que toda vocación nace de la escucha del Señor y se desarrolla en el seno de la comunidad.

Regreso a casa: una peregrinación que continúa

El 7 de agosto, después de celebrar la Eucaristía en la Basílica inferior de San Francisco, el grupo emprendió el regreso hacia Francia. Tras pasar nuevamente por la Fondation La Castille, el 8 de agosto se inició la última etapa hacia San Sebastián, adonde llegaron por la noche.

Con el cansancio propio de diez días intensos, pero también con la alegría de haber compartido una experiencia inolvidable, los jóvenes regresaron a sus lugares de origen. La peregrinación concluyó físicamente, pero el camino espiritual quedó abierto.

Porque peregrinar a Asís, Loreto y La Verna no consiste solamente en visitar lugares santos. Significa aprender, como Francisco y Clara, a poner a Cristo en el centro; descubrir la belleza de la fraternidad; experimentar la fuerza del perdón; escuchar la llamada de Dios y regresar a la vida cotidiana con una mirada renovada.

Esta actividad de verano de la Pastoral Juvenil-Vocacional de la Diócesis de San Sebastián ha sido, para sus 60 participantes, una oportunidad para caminar juntos, celebrar la fe, fortalecer los vínculos comunitarios y abrirse a la pregunta vocacional. Una experiencia que invita a seguir construyendo una Iglesia joven, acogedora, diversa y misionera, capaz de anunciar el Evangelio con alegría en medio de nuestro mundo.

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