La Semana Santa se ha vivido con intensidad, oración y esperanza en las parroquias de Gipuzkoa
La Semana Santa se ha celebrado estos días con profundidad, participación y un clima de fe compartida en numerosas parroquias y comunidades de Gipuzkoa. Desde el Domingo de Ramos hasta este Domingo de Resurrección, templos, calles y plazas del territorio han acogido bendiciones, eucaristías, viacrucis, procesiones, vigilias y momentos de adoración que han ayudado a vivir el misterio central de la fe cristiana: la pasión, muerte y resurrección del Señor.
El Domingo de Ramos abrió con la bendición de ramos y la entrada en la Semana Santa en muchas parroquias guipuzcoanas. Fue una jornada muy participada en distintos puntos del territorio. En la parroquia de San Ignacio de Gros, por ejemplo, la celebración reunió a numerosas familias en las distintas eucaristías del día, de manera especial en la misa familiar con bendición de ramos.

También en la catedral del Buen Pastor, así como en tantas parroquias de Gipuzkoa, el gesto de los ramos volvió a expresar públicamente la acogida a Cristo y el comienzo de unos días especialmente significativos para la vida cristiana. En localidades como Segura, Aia, Orio, Andoain y otros lugares, las comunidades comenzaron así un camino que ha estado marcado por la oración y la participación.

A lo largo de la semana, además de las celebraciones litúrgicas, también han tenido relieve los momentos penitenciales y las propuestas para los más jóvenes. En diversos lugares se celebró el sacramento de la reconciliación, y en Lazkao se desarrolló la Pascua Joven / Gazte Pazkoa, como retiro y convivencia para ayudar a vivir estos días en clave de fe. También en San Ignacio de Gros, alrededor de 50 jóvenes participaron en la Pascua Joven, compartiendo celebraciones y espacios de oración en un ambiente de comunidad.


El Jueves Santo volvió a reunir a las parroquias en torno a la Cena del Señor, memoria viva del mandamiento del amor, de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio. En pueblos y ciudades de Gipuzkoa se celebró esta jornada con solemnidad y recogimiento. En Segura, tras la misa de la Última Cena, tuvo lugar la tradicional procesión por las calles del casco urbano.
En Hondarribia, la celebración continuó con la adoración nocturna ante Jesús Sacramentado, uno de los momentos especialmente significativos de la jornada, al igual que ocurrió en otros lugares con turnos de vela y oración. En Pasaia Donibane, el monumento eucarístico volvió a centrar la contemplación y la adoración de los fieles.
También en Legazpi y en otras parroquias se celebró la Hora Santa, mientras que en Santa María del Juncal de Irún la llamada “noche callada” se vivió con turnos de adoradores durante toda la noche.


Precisamente en Irún, el obispo de San Sebastián, Mons. Fernando Prado, visitó el Jueves Santo la parroquia de Santa María del Juncal, donde pudo conocer la exposición de pasos, saludar a los acólitos que participaban en convivencia y encontrarse también con las religiosas de la parroquia, compartiendo con ellos este día central del Triduo Pascual.

El Viernes Santo se vivió con especial intensidad en toda la diócesis, tanto en los templos como en las calles.

Desde primera hora de la mañana se sucedieron los vía crucis en numerosos puntos del territorio: en Errenteria, San Ignacio de Gros, Orio, Aia, Andoain, Mendaro, Mutriku, Segura, Hondarribia y otros muchos lugares. Entre ellos destacaron el Vía Crucis del monte Urgull, celebrado al amanecer en San Sebastián, así como el de Guadalupe por el Calvario en Hondarribia o el recorrido de Mutriku vivido en un clima de oración y sobriedad.

A lo largo de la jornada se celebraron también las acciones litúrgicas de la Pasión del Señor, seguidas en muchos lugares por actos de gran arraigo popular. En Hondarribia, la liturgia vespertina dio paso al descendimiento y a la Procesión del Silencio por el casco histórico. En Segura, además de la función litúrgica y el descendimiento, hubo procesión por las calles. En Azkoitia, tras el vía crucis de la mañana y la misa de la Pasión, se celebraron las procesiones de la tarde y, ya por la noche, la del Santo Entierro, una de las citas más destacadas de la Semana Santa local. También se han seguido con especial atención las procesiones de Legazpi, muy arraigadas en la devoción popular.

En Pasaia Donibane, la Pasión del Señor fue seguida de la procesión del Santo Entierro, mientras que en otras parroquias y localidades se rezaron también meditaciones como las Siete Palabras. Especialmente destacable es la histórica procesión de viernes santo que se ha recuperado en San Sebastián tras 59 años y que reunió en las calles a 20.000 asistentes.


El Sábado Santo dejó paso al silencio, a la espera y a la esperanza. En algunas comunidades se mantuvieron celebraciones propias de este día, como el Officium Tenebrarum en la iglesia de Santa Katalina de Mutriku, una celebración sobria y cargada de simbolismo. Allí, las quince velas representaron a los once apóstoles, a las tres Marías —María Salomé, María de Cleofás y María Magdalena— y a la Virgen María. La vela más alta, que no se apaga, representa a la Virgen, la única que permaneció firme en la esperanza de la Resurrección. Tras apagarse las demás, esa luz fue trasladada a los pies de la Dolorosa acompañada por el sonido de la carraca, en un gesto sencillo pero profundamente expresivo.
Ya entrada la noche, las Vigilias Pascuales reunieron a las comunidades de Gipuzkoa para anunciar la Resurrección. Se celebraron en numerosas parroquias, entre ellas San Ignacio de Gros, Hondarribia, Pasaia Donibane, Andoain, Aia, Orio y Mutriku, donde además participaron también las comunidades de Mendaro y Altzo, concluyendo con un ágape fraterno. En todas ellas, la bendición del fuego, el pregón pascual y la proclamación de la Resurrección marcaron una de las celebraciones más importantes del año cristiano.


Y hoy, Domingo de Resurrección, las parroquias de Gipuzkoa han celebrado con alegría la Pascua. Las eucaristías de este día, muy concurridas en numerosos lugares, han puesto el acento en la victoria de la vida sobre la muerte y en la esperanza que brota del sepulcro vacío. En Hondarribia se ha celebrado el tradicional acto del encuentro y la conocida caída de los romanos, expresión singular de la religiosidad popular local. En tantas y tantas otras parroquias, la comunidad cristiana ha proclamado con gozo que Cristo ha resucitado.

También desde distintos lugares han llegado mensajes sencillos y llenos de fe, como el compartido por jóvenes de Irún: “El Sepulcro está vacío. Surrexit Christus sicut dixit. Pazko zoriontsua!”, o el eco festivo de otras comunidades que hoy celebran con alegría: Kristo Piztu baita… Aleluia!

Aunque en una noticia sea imposible recoger todo lo vivido en cada parroquia y comunidad del territorio, esta Semana Santa deja la imagen de una Iglesia diocesana que ha caminado unida, celebrando con hondura, tradición y esperanza el corazón de la fe cristiana. En templos grandes y pequeños, en ermitas, calles y plazas, Gipuzkoa ha vuelto a acompañar al Señor en su pasión y a celebrar, hoy con alegría renovada, la noticia que sostiene la vida de la Iglesia: Cristo ha resucitado. Aleluya.

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