Bienaventurada Virgen María de Arantzazu (2026)
Hoy, 9 de septiembre, se ha celebrado en el santuario de Arantzazu, en Oñati, la festividad de la Bienaventurada Virgen María de Arantzazu, una jornada muy importante para la Diócesis de San Sebastián.
A las puertas del santuario, la delegación franciscana y el obispo de San Sebastián, Fernando Prado Ayuso, han dado la bienvenida a una amplia representación institucional, con presencia del Ayuntamiento de Oñati, la Diputación Foral de Gipuzkoa y las Juntas Generales. A las 12:00 horas ha dado comienzo la misa en una iglesia abarrotada.

Tras recordar que juntos «celebramos el día de la Madre de Gipuzkoa», el obispo ha señalado que acercarse a Arantzazu es una bonita costumbre, «pero no es solo una costumbre». Asimismo, ha recordado que, para los cristianos, participar en esta misa supone celebrar y fortalecer la fe.
«En esto consiste el milagro —ha afirmado—: celebrar juntos la fe fortalece la fe de cada uno (…). Por lo tanto, estamos contentos de estar hoy aquí compartiendo la fe, fortaleciendo nuestra fe y nuestra concordia. Estamos felices en casa de la Madre».
A continuación, el obispo ha señalado: «Aquí respiramos y el corazón encuentra la verdadera paz. En casa de la Madre, nuestro corazón se serena; juntos, en la oración, se afianza la fe y renace en nosotros la esperanza».
A lo largo de la homilía ha manifestado que le gustan especialmente dos verbos: «levantarse y ponerse en camino». «La fe verdadera hace precisamente eso: nos levanta y nos pone en camino», ha afirmado.
El obispo ha profundizado después en una reflexión sobre la prosperidad y la cohesión social de Gipuzkoa:
«Nuestra querida Gipuzkoa es hoy una tierra próspera, con trabajo, industria, servicios e instituciones sólidas, que se han construido, no sin esfuerzo y dificultades, a lo largo de estas últimas décadas. Podemos y debemos alegrarnos de ello. Es bueno que una sociedad prospere. Es bueno crear riqueza y empleo. Pero el Evangelio nos invita a hacernos una pregunta algo más profunda: ¿para qué y para quién prosperamos?

Porque no todos viven esa prosperidad del mismo modo. Hay familias que llegan con dificultad a fin de mes, jóvenes sin acceso a la vivienda, ancianos solos, personas migrantes que comienzan casi de cero entre nosotros. Una sociedad no es verdaderamente rica simplemente porque alcance mayores cotas de productividad. Es rica cuando lo es en su conjunto y nadie queda abandonado al borde del camino».
Nuestro obispo tampoco se ha olvidado de «nuestras propias espinas» y ha invitado a escuchar a quien piensa de manera diferente: «Se puede discrepar sin despreciar; se puede defender con firmeza una propuesta sin convertir al otro en enemigo».

Ha recordado que Gipuzkoa ha sufrido demasiado como para olvidar esa lección. «Necesitamos escucharnos más, dialogar más y pensar menos en los nuestros y más en todos», ha subrayado.
También ha señalado que nuestra Iglesia diocesana quiere, en este nuevo curso, levantarse y ponerse en camino: «Así, afrontamos un tiempo especialmente importante y nos ponemos en camino para vivir el primer Sínodo Diocesano de nuestra historia».
Un sínodo, ha explicado, «no para mirarnos a nosotros mismos, sino para evangelizar mejor, para servir mejor».

Al término de la homilía, el obispo ha dirigido una petición a Nuestra Señora de Arantzazu en este comienzo de curso:
«Cuida nuestra Gipuzkoa. Cuida de nuestras familias, de nuestros pueblos, de nuestros jóvenes y de nuestros mayores. Cuida también a nuestras autoridades y a los representantes de nuestro pueblo. Cuida a quienes han venido en busca de un futuro mejor. Cuida tu Iglesia de Gipuzkoa. Cuídanos a todos».
He aquí la homilía completa pronunciada hoy por el obispo de San Sebastián, don Fernando Prado Ayuso.
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