Multitudinaria peregrinación a Lourdes
La Diócesis de San Sebastián vivió este fin de semana la 71ª edición de la Peregrinación diocesana a Lourdes, organizada por la Hospitalidad de Lourdes bajo el lema “María, acógenos”. Desde el viernes y hasta el domingo, una multitud de personas procedentes de distintos puntos de Gipuzkoa se unió en el santuario mariano en una experiencia de fe, oración, encuentro y servicio.

Peregrinos, personas enfermas y mayores, voluntarios, familias, jóvenes y comunidades parroquiales participaron en esta cita diocesana junto al obispo, D. Fernando Prado, haciendo visible una Iglesia en camino, cercana a quienes más lo necesitan y sostenida por la esperanza que brota del encuentro con María.
En esta edición destacó especialmente la presencia de la Pastoral de Personas Migradas de la Diócesis de San Sebastián, que se sumó a la peregrinación con alrededor de 600 personas llegadas desde Gipuzkoa. Su participación dio un significado especial al lema de este año, subrayando el rostro acogedor, diverso y universal de la Iglesia.

La Eucaristía del domingo, celebrada en Lourdes, estuvo marcada por la solemnidad de la Santísima Trinidad. En la homilía, el sacerdote Pedro Uranga recordó que, así como María se puso en camino para visitar a santa Isabel, también los peregrinos habían llegado a Lourdes trayendo consigo “mucha vida dentro: nombres que pronunciar ante María, heridas que confiar, gracias que agradecer y peticiones que quizá no sabemos ni decir del todo”.
Uranga invitó a contemplar a María no como alguien que retiene para sí, sino como Madre que conduce a Jesús y a los hermanos. “Visitar a la Madre es visitar a toda la familia”, señaló, recordando que la comunión cristiana nace del encuentro con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y se concreta en la fraternidad.

En el contexto de la peregrinación de la Pastoral de Personas Migradas, la homilía puso el acento en la dignidad de cada persona y en la certeza de que nadie es extraño para Dios. “Dios se ha hecho Dios-con nosotros”, afirmó Pedro Uranga, destacando que en Cristo cada ser humano es mirado como hijo, llamado a la vida y a la comunión.
El sacerdote subrayó también que el Espíritu Santo es “artesano de comunión”, capaz de hacer de muchas historias una sola familia, de muchas lenguas una misma alabanza y de muchos caminos una misma comunión. Desde esa experiencia, Lourdes se convirtió de nuevo en lugar de gracia, consuelo y esperanza compartida.

La peregrinación concluyó con el agradecimiento de la Diócesis de San Sebastián a la Hospitalidad de Lourdes y a todas las personas voluntarias, acompañantes y responsables que hacen posible cada año esta experiencia, cuidando con especial dedicación a las personas enfermas, mayores y más vulnerables.
Gipuzkoa volvió así a estar presente en Lourdes como una comunidad diocesana unida, que confía a María sus alegrías, sufrimientos, necesidades y esperanzas, y que regresa a la vida cotidiana con una llamada renovada a acoger, acompañar y caminar como una sola familia…
TESTIMONIO DESDE LA PEREGRINACIÓN
Un año más, la peregrinación diocesana a Lourdes nos ha reunido en torno a María, la Amatxo, bajo el lema «María, acógenos». Una súplica confiada que ha resonado en el corazón de las 660 peregrinas y peregrinos que hemos participado en esta experiencia de fe, encuentro y esperanza.
Procedentes de los pueblos y comunidades cristianas de toda Gipuzkoa, un total de doce autobuses, emprendimos el camino hacia Lourdes para ponernos a los pies de María y buscar junto a ella, gracia, consuelo, luz y fortaleza para nuestras vidas.
La peregrinación estuvo presidida por el obispo Fernando Prado, cuya cercanía y acompañamiento fueron una referencia constante durante estos días. En la celebración principal, la homilía fue compartida por el sacerdote Pedro Uranga, quien nos ofreció un mensaje profundo y lleno de humanidad, especialmente dirigido a quienes cargan con el peso de la enfermedad, el sufrimiento o la incertidumbre.
Sus palabras quedaron grabadas en el corazón de muchos peregrinos:
Tu vida importa.
Tu historia importa.
Tu sufrimiento importa.
Tu enfermedad importa.
Tu esperanza importa.
Con estas sencillas pero profundas afirmaciones, nos recordó que ante Dios nadie es indiferente. Cada persona tiene un valor inmenso. Ninguna lágrima, ningún dolor ni ninguna esperanza quedan fuera de la mirada amorosa del Señor y de la ternura de María.
Lourdes sigue siendo un lugar donde miles de personas llegan buscando alivio, sentido y paz. También nosotros hemos regresado a nuestros hogares renovados por la oración compartida, por el encuentro fraterno y por el testimonio de tantas personas que viven su fe con sencillez y confianza.
En las celebraciones, las procesiones, los momentos de silencio ante la gruta, y las conversaciones entre peregrinos, hemos experimentado que María sigue acogiendo a sus hijas e hijos, y acompañándolos en el camino de la vida.
Regresamos a casa con el corazón agradecido y con la certeza de que, bajo el manto de la Amatxo, nunca caminamos solos. Su acogida nos impulsa a seguir adelante, llevando a nuestras familias, parroquias y comunidades, la luz y la esperanza recibidas en Lourdes.
María, acógenos.
- Fotos en Flickr.
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