Primer encuentro «Vocatio» del nuevo curso
La Catedral del Buen Pastor acogió ayer, viernes 25 de septiembre, a las 20:00 horas, el primer encuentro «Vocatio» del nuevo curso, una cita de oración por las vocaciones que reunió a numerosos fieles, muchos de ellos jóvenes, en torno a la llamada de Dios y la respuesta personal a esa llamada.

El encuentro comenzó con una procesión por el interior de la Catedral, siguiendo la llama perpetua que permanece encendida en el templo como signo de la oración constante por las vocaciones. En esta ocasión, la llama fue portada por María Pagalday, virgen consagrada, quien posteriormente ofreció a los asistentes una meditación centrada en el sentido de la vocación y la llamada de Dios.
Moisés ante la zarza ardiente
Pagalday tomó como hilo conductor el relato bíblico de Moisés y la zarza ardiente, presentando la historia de un hombre marcado también por sus heridas, errores y limitaciones.
Recordó cómo Moisés, movido por la rabia y la impotencia ante la opresión de su pueblo, llegó a matar a un egipcio y terminó huyendo al desierto. Allí pasó años como pastor, alejado de aquello que había dejado atrás. Sin embargo, incluso en medio de la rutina, Moisés conservó la capacidad de asombrarse.

Ese asombro le llevó a acercarse a una zarza que ardía sin consumirse. Y fue precisamente allí donde Dios le habló, revelándole que había escuchado el clamor de su pueblo y que conocía su sufrimiento.
La reflexión invitó así a los presentes a recuperar esa misma capacidad de detenerse, mirar y escuchar. También hoy, señaló Pagalday, existen sufrimientos, soledades, injusticias y situaciones de esclavitud ante las que puede aparecer la tentación de apartar la mirada o de no querer complicarse la vida. Pero es precisamente en medio de esas realidades donde vuelve a resonar la pregunta por a quién quiere enviar Dios.
«¿Quién soy yo?»
La meditación se detuvo también en las resistencias de Moisés ante la misión que Dios le confía, dos resistencias que pueden aparecer igualmente ante cualquier vocación, ya sea al sacerdocio, a la vida consagrada, al matrimonio o a cualquier forma concreta de entrega.
La primera es el sentimiento de indignidad: «¿Quién soy yo?». Moisés conoce su pasado y sus pecados y no se siente digno de aquello que Dios le pide. La segunda es la sensación de incapacidad: se reconoce «torpe de boca» y piensa que no posee las cualidades necesarias para llevar adelante la misión.

Frente a estas objeciones, Pagalday puso el acento en la respuesta que Dios da a Moisés. Dios no le presenta una lista de sus capacidades ni le asegura que sea el mejor preparado. Su promesa es otra: «Yo estaré contigo».
Desde esta clave, la virgen consagrada recordó que la llamada de Dios no depende de un currículum perfecto ni de unas capacidades extraordinarias, sino de la confianza en Aquel que llama y acompaña.
Una vida que encuentra su plenitud en la entrega
En la parte final de su intervención, María Pagalday invitó a los presentes a preguntarse por el deseo profundo de que la propia vida tenga sentido y alcance su plenitud.
La vocación, explicó, no puede entenderse únicamente como una renuncia, sino como una llamada a descubrir que la vida alcanza su mayor fecundidad cuando se entrega. Una entrega que no nace únicamente de las propias fuerzas, sino de la confianza en Dios y en su promesa de permanecer junto a quien responde a su llamada.

El primer «Vocatio» del curso concluyó así poniendo en el centro la oración para que surjan en nuestra Iglesia vocaciones valientes y generosas, capaces de escuchar la voz de Dios por encima de los miedos, las inseguridades y las propias limitaciones.
La llama que recorrió la Catedral volvió a recordar durante la celebración esa oración que permanece encendida: que cada persona pueda descubrir a qué está llamada y tenga la confianza necesaria para responder, sabiendo que, como escuchó Moisés ante la zarza ardiente, Dios sigue diciendo: «Yo estaré contigo».
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